domingo, 4 de diciembre de 2016

EL TAICHÍ (del libro EL TAICHÍ DELCORAZÓN)


Debo dejar muy claro que el Taichí es, ante todo, un Arte Marcial.

Por eso, si alguien nos preguntara a bote pronto: ¿Qué es el Taichí? tendríamos que contestar con total contundencia: Es un arte marcial.

Este Arte Marcial procede de China, allí surgió como una forma de defensa y ataque contra los enemigos físicos, su práctica se inició en los campamentos militares.

Cuenta la leyenda, que los soldados se ejercitaban practicando este Arte Marcial, era la manera que tenían de estar en forma mientras esperaban el comienzo de alguna batalla.

Practicaban cada día, aun en tiempos de paz, para estar siempre preparados,  alerta y en forma.

Estas prácticas militares se fueron extendiendo e hicieron del ejército chino uno de los más poderosos del mundo.

La noticia de estas prácticas militares llegó hasta oídos del emperador, que quedó muy impresionado y se interesó en aprender esos movimientos que hacían tan fuertes y poderosos a sus soldados, pero claro: cómo un emperador acostumbrado a una vida de reposo y opulencia iba a someterse a tan férrea disciplina…

Lo que hacían los militares era muy cansado para él, pensó el emperador, y pidió a sus generales que los mismos movimientos se hicieran más despacio, más suaves, a su medida… y así lo hicieron.

Cuando vieron que esta práctica tenía unos beneficios muy grandes sobre la salud, tanto corporal, mental, como espiritual, (que más adelante explicaremos), se comenzó a extender a toda la población, creándose diferentes escuelas regidas por diferentes familias.

Al Taichí se le incorporó más tarde la Medicina Tradicional China y cada familia o escuela fue creando sus propias Formas y adaptándolas, de ahí surgieron los diferentes estilos de Taichí, siendo todos importantes y ninguno mejor que otro.

El Taichí trabaja los tres fundamentos de la esencia del ser humano: el cuerpo, la mente y el espíritu.

El cuerpo, porque movemos todas las partes de nuestro cuerpo, ejercitándolas con la practica continuada, se trabajan sobre todo tendones y articulaciones, se mueven partes del cuerpo hasta entonces desacostumbradas y se adquiere una forma física envidiable, ya que, todo el cuerpo funciona como una gran bisagra bien engrasada y en perfecto uso.

El Taichí surgió de la idea taoísta de alargar la vida lo más posible y en las mejores condiciones, tanto físicas, como mentales.

Las articulaciones del cuerpo serían como las bisagras de una puerta, si están en constante movimiento están activas, pero si no se mueven, se oxidan, dejando la puerta inutilizada.

Así el Taichí mueve todas las articulaciones, trabaja músculos y tendones, moviliza partes del cuerpo que normalmente parecen olvidadas, lo que aporta salud a quienes lo practican, evita muchos dolores de espalda, cervicales, manos, rodillas, etc.

La mente, porque se trabaja con la gran concentración que se genera, ya que, la mente está totalmente concentrada en el movimiento y evita cualquier otro pensamiento que no sea lo que estamos realizando en ese preciso momento.

Cuando estamos aprendiendo, nos concentramos en el movimiento del maestro, y cuando ya sabemos algo más (y digo sabemos algo más porque siempre estamos en continuo aprendizaje, la perfección no existe, por tanto debemos trabajar pensando que iremos mejorando cada día más y disfrutando del camino), podemos centrarnos en nuestro propio movimiento, evitando así cualquier otro tipo de pensamiento y siendo totalmente conscientes, en cada momento, de lo que estamos haciendo, estamos centrados en el presente, en el aquí y en el ahora.

El espíritu, también se trabaja, ya que, se incorporaron a la práctica marcial una serie de Filosofías venidas de la india para la consecución de la paz interior.

La práctica del Taichí genera un movimiento de energías y una gran paz interior.

Antes de realizar la práctica, es recomendable, y yo así lo hago, hacer unos movimientos que conectan con las energías, por ejemplo: con la del horizonte, la del cielo y de la tierra.

Cuando comienzo mis clases inicio abriendo la conexión: primero abrimos la conexión con la energía del cielo, después con la energía del ser interior y por último, con la energía de la tierra.

Quienes sean más espirituales aún, pueden añadir el abrir la conexión con el Ser Superior, y por supuesto, al terminar la clase, cerrar esa conexión y agradecerla.

Myriam Cobos (Fragmento del mi libro EL TAICHÍ DEL CORAZÓN)
Fotografía propiedad de Myriam Cobos


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